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Cuidados continuos: cuidados de soporte y paliación

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ASTENIA

La astenia (fatiga, agotamiento) consiste en una sensación de falta de fuerza y energía, que interfiere con la actividad y el quehacer diario del enfermo, y que muchas veces le hace dependiente de terceras personas.
 
Suele asociarse a otros síntomas como dolor, pérdida de apetito, anemia, adelgazamiento, apatía, depresión e insomnio, y por tanto, mejora si estos se controlan. Por lo tanto, la astenia puede en sí misma disminuir situación funcional, y la calidad de vida de los enfermos.
 
Se trata de uno de los síntomas más frecuente en pacientes con cáncer. Entre el 29% y el 80% de los pacientes desarrollan astenia en algún momento, lo que depende fundamentalmente del tipo de tumor, la extensión y el tratamiento. La mayoría de los pacientes que reciben tratamiento con quimioterapia, radioterapia o fármacos biológicos experimentan cansancio. Aunque los pacientes con metástasis suelen tener astenia con mayor frecuencia, hasta el 29% de los enfermos operados de cáncer de mama, pulmón, próstata o colon localizado, pueden tener este síntoma, meses o años después de la finalización del tratamiento.
 
Causas
El mecanismo exacto de la astenia es desconocido. Se sospecha que sustancias secretadas directamente por el tumor o por el organismo en respuesta a éste, pueden mediar en su producción. Algunos mecanismos concretos que han sido propuestos son la liberación de moléculas favorecedoras de la inflamación, alteraciones hormonales, trastornos del ciclo circadiano, desgaste muscular y factores genéticos.
 
Además, hay otros factores que pueden contribuir al desarrollo o empeoramiento de la astenia. Este concepto es importante porque identificar las causas tratables contribuye a mejorar este síntoma, la calidad de vida, tolerancia a los tratamientos y el afrontamiento del cáncer. Las causas tratables más frecuentes de astenia son las siguientes:
-        Anemia
-        Desnutrición y síndrome caquexia-anorexia (ver apartado específico de este documento)
-        Trastornos psicológicos (ansiedad y depresión)
-        Trastornos del sueño
-        Inactividad física
-        Fármacos (antidepresivos, opiáceos, corticoides prolongados…)
-        Quimioterapia
-        Radioterapia
-        -        Polimedicación
  
-        Alteraciones metabólicas (alteraciones iónicas como la hipercalcemia, deshidratación…)
  -        Alteraciones hormonales (hipotiroidismo…)
  -        Infección e inmunosupresión
  -        Enfermedades neurológicas y musculares
  -        Insuficiencias orgánicas crónicas (respiratoria, cardiaca, renal, hepática)
 
Diagnóstico
Al tratarse de un síntoma, el diagnóstico se realiza por la historia clínica y la información que nos refiere el paciente. Además, se investigará si la astenia está causada por medicamentos, por si fuera necesario modificar las pautas, o por la presencia de otros síntomas asociados que la favorecen o agravan. La anemia, alteraciones metabólicas u hormonales se pueden detectar mediante un análisis de sangre. No suelen ser precisas más exploraciones complementarias.
 
Tratamiento
Se deben identificar y tratar todas las causas reversibles, prestando especial atención a la anemia, dolor, insomnio, desnutrición y a los trastornos psicológicos como la depresión. Las intervenciones psicológicas y nutricionales pueden ser útiles en algunos pacientes. Por ejemplo, la meditación mindfulness para el control del estrés ha demostrado una reducción de la astenia en algunos estudios.
 
Se han usado fármacos psicoestimulantes como el metilfenidato que muestra cierta utilidad, especialmente para revertir el efecto sedante de los opiáceos, y otros como los corticoides.
 
Es necesario optimizar el tratamiento de enfermedades concurrentes, como la diabetes o la insuficiencia cardiaca.
 
Son importantes las medidas no farmacológicas como las referidas a continuación.
 
Consejos para pacientes con astenia:
-     Trate de planificar el día con sentido común, priorizando la realización de las actividades más prioritarias durante los picos de máxima energía. Delegue las actividades de menor importancia.
 
-     Haga ejercicios ligeros, variados y divertidos que le permitan desarrollar todas sus cualidades físicas (resistencia, fuerza, flexibilidad, coordinación), como gimnasia y todas sus variedades: pilates, baile, etc. Comience y finalice el ejercicio de forma progresiva con estiramientos musculares para evitar el cansancio. El deporte más recomendable sería:
•    Ejercicios de estiramiento del cuello, torso y extremidades 1 o 2 veces al día.
•    Ejercicios aeróbicos, por ejemplo, caminar, baile al compás de la música o bicicleta estática, al menos durante 10-15 minutos 1-2 veces al día.
•    Nadar o correr, moderando siempre la intensidad según se sienta durante el entrenamiento.
•    Ejercicios como yoga, tai-chi, baile o pilates, que le permitan relajarse e integrar la ejercitación de la mente y el cuerpo en un mismo acto.

-     Cuide su alimentación y fomente los productos con aporte de proteínas de fácil ingesta como:
•    El huevo: cocido, tortilla francesa, añadido a caldos, etc.
•    Productos lácteos: yogur, quesos frescos, cuajadas, helados, etc.
•    Carne blanca y pescados suaves: pollo, merluza cocinados a la plancha, etc.
Si le cuesta consumir estos alimentos, añádalos en purés.

-     Consuma alimentos ricos en vitaminas, minerales y otros nutrientes, que mejoran el estado general como:
•    Copos de avena añadidos a la leche o yogur del desayuno.
•    Germinados: semillas de alfalfa, soja verde, trigo, cebada, brócoli añadidos a purés, como guarnición de carne, pescado o huevo.
•    Frutos secos: nuez, anacardo, piñón, etc.
•    Legumbres: guisantes, garbanzos, preferiblemente en puré para mejorar su digestión.
•    Fruta: plátano, aguacate, mango, fresas, manzana, granada, ciruela, etc.
•    Levadura de cerveza, polen.
•    Jarabes, galletas o infusiones de jengibre.
•    Perejil en infusión, como condimento de distintas comidas o el jugo de la planta fresca.

-    Controle el descanso nocturno para lograr un sueño reparador, pero evite pasar el día en la cama. Un ejercicio físico moderado y no dormir durante las horas de luz pueden ayudar a conciliar mejor el sueño por la noche. En las horas antes de acostarse, no ingiera alimentos de digestión pesada, no tome estimulantes ni realice actividades que generen estrés. Además, puede favorecer el relax con una ducha caliente, escuchando música, empleando un ambientador de lavanda, o ingiriendo una infusión de melisa, valeriana, manzanilla, pasiflora y/o lúpulo (ver apartado específico de trastorno del sueño de este documento). 
 

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