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Sarcomas óseos

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Proceso diagnóstico ante un posible sarcoma óseo 

Los síntomas más frecuentes de los sarcomas óseos son dolor y/o aparición de un bulto en una localización ósea. Habitualmente los síntomas se han venido desarrollando durante varios meses, con variaciones a lo largo del tiempo. Es frecuente que exista un antecedente de traumatismo o sobrecarga ósteo-muscular, aunque no como causa, sino como precipitante de los síntomas.

La primera técnica diagnóstica que se debe realizar es una radiografía simple de hueso. Esta técnica no siempre permite el diagnóstico diferencial entre los distintos sarcomas óseos. Para ello, se completará el estudio radiológico con una tomografía axial computerizada (TAC) y/o Resonancia Magnética Nuclear (RMN).

Figura 1. Radiología convencional en tumores óseos: sarcoma de Ewing en diáfisis femoral.

RMN sarcomas oseos

Figura 2. La RMN en el estudio de la afectación locorregional de sarcomas óseos: sarcoma de Ewing en diáfisis femoral.

Para el diagnóstico definitivo del sarcoma óseo, se requiere de la obtención de una biopsia de tejido tumoral. La planificación de la biopsia es esencial para un buen resultado terapéutico. Para este fin pueden usarse técnicas radiológicas, habitualmente la TAC, para guiar la trayectoria de dicha aguja o trócar. La biopsia debería realizarla el equipo que después tratará al paciente, evitando así dificultar la cirugía posterior. Se recomienda que sea realizada en centros con experiencia que cuenten con equipos multidisciplinares de sarcomas. 

Finalmente, se debe realizar un estudio de extensión para descartar metástasis. 

Para ello se utiliza TAC de tórax-abdomen – para descartar metástasis pulmonares-, gammagrafía ósea – para descartar afectación de otros huesos del esqueleto o PET-TC de cuerpo entero. 


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