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Cáncer de tiroides

Índice del artículo

AUTORES: Anabel Ballesteros 

El tiroides es una glándula localizada en la parte anterior del cuello, por delante de la laringe, con forma de mariposa y formada por dos lóbulos unidos en el centro.

Normalmente, en una persona sana, el tiroides no se palpa. (Fig. 1)

Tiroides

Fig 1. Tiroides

La función del tiroides es la producción de hormonas que intervienen en el metabolismo del organismo. Produce tres hormonas: T3, T4 y Calcitonina. Para ello precisa Yodo (I) que debe ser aportado a nuestro cuerpo desde el exterior. 

El yodo se encuentra en el agua de mar, las algas y en los vegetales. Una dieta variada y rica en frutas y verduras suele incluir la cantidad necesaria de Yodo para un correcto funcionamiento del tiroides. 

Existen algunas zonas geográficas en el mundo y en España en las que el Yodo aportado en la dieta es insuficiente, produciéndose aumento del tamaño del tiroides (bocio) en más población de la normalmente esperada. 

La glándula tiroidea tiene dos tipos de células, produciendo dos tipos distintos de cáncer:

  1. Células foliculares: producen las hormonas tiroideas (T3 y T4), segregan una proteína característica llamada tiroglobulina.
  2. Células C, productoras de calcitonina.

En la parte posterior de la glándula tiroidea se encuentran alojadas las glándulas paratiroides, encargadas de la regulación del metabolismo del calcio y fósforo a través de la secreción de una hormona llamada PTH (hormona paratiroidea). Su importancia en este contexto radica en que durante la cirugía del tiroides pueden extirparse de forma accidental.


Epidemiología 

El cáncer de tiroides es un tumor raro, constituye menos del 1 % de las neoplasias malignas, aparece entre de 2 y 20 casos por 100.000 habitantes y año. Es más frecuente en mujeres; en España 5 casos/100.000 en mujeres y 1,9/100.000 en hombres.

Es la neoplasia endocrina más frecuente (90 % de todas las neoplasias endocrinas), y la principal causa de muertes de todos los tumores endocrinos. 

Su aparición suele ser en la edad media de la vida, dependiendo de los distintos tipos. La incidencia de este tumor ha aumentado en los últimos años pero la mortalidad se ha mantenido estable. Se han visto diferencias geográficas, siendo en las zonas deficitarias en Yodo mayor la frecuencia de los carcinomas foliculares.


Factores de riesgo 

La causa del cáncer de tiroides no se conoce; la mayoría de las personas diagnosticadas no tienen ningún factor de riesgo conocido. Sin embargo, existen algunas circunstancias en las que se ha visto una frecuencia más elevada.

Las más importantes son: 

  1. Exposición a radiaciones ionizantes: es el factor etiológico más reconocido, especialmente si la exposición tiene lugar en la infancia. Se ha observado tras la exposición con fines terapéuticos (radioterapia) o por cercanía de fuentes radiactivas exógenas medioambientales (accidentes nucleares). Las personas que han recibido radioterapia en la cabeza o en el cuello, incluso décadas antes, tienen un riesgo aumentado de cáncer de tiroides hasta 50 veces superior al de la población general. Esto se suele ver en algunas pacientes curadas de cáncer de mama o de linfomas tratadas años antes con radioterapia.

  2. Factores genéticos: existe un tipo de cáncer de tiroides, el carcinoma medular, que presenta una forma familiar en un 25 % de los casos. No obstante, este es el tipo más raro de cáncer de tiroides. El carcinoma papilar puede ser también una manifestación de varios síndromes hereditarios como son el síndrome de Gardner o la enfermedad de Cowden.
  3. Dieta baja en Yodo: se relaciona con los tumores papilares y foliculares.

  4. Sexo y edad: son más frecuentes en mujeres con edades comprendidas entre 30 y 50 años. Parece relacionarse una mayor incidencia de este tipo de cáncer en mujeres con la historia reproductiva y el uso de anticonceptivos orales.

Manifestaciones clínicas 

El síntoma más frecuente del cáncer de tiroides es la aparición de un bulto en la parte anterior del cuello, que puede ser visible o palpable.

Generalmente suelen ser asintomáticos, pero en procesos avanzados se puede asociar a síntomas como dificultad para tragar, dolor en la parte anterior del cuello o ronquera por afectación indirecta de las cuerdas vocales.

La mayoría de los nódulos tiroideos son benignos, pero la única forma de tener certeza es analizando las células del mismo.


Diagnóstico 

La sospecha de un cáncer de tiroides comienza con el hallazgo de un nódulo en el tiroides. La mayoría de estos nódulos son benignos y no corresponden a patología tumoral; algunos no requieren salvo seguimiento estrecho.

En aquellos casos en los que exista sospecha de cáncer de tiroides se deben realizar las siguientes exploraciones:

1. Ecografía tiroidea: es la prueba principal para el estudio del tiroides. Es una exploración indolora y rápida que permite medir el tamaño del tiroides, el número de nódulos que contiene, el tamaño de éstos y la composición de los mismos. También nos permite ver si hay alguna estructura más afectada en el cuello. Nos orienta sobre la necesidad de realizar o no más pruebas.

2. Análisis de sangre: se miden los niveles de hormonas tiroideas (T3, T4 y TSH) y tiroglobulina. Esta última sólo se produce en las células tiroideas por lo que sólo se eleva en las enfermedades tiroideas. Es importante para el seguimiento de los pacientes diagnosticados de cáncer de tiroides, ya que una elevación de esta hormona, puede indicarnos la presencia de células tumorales viables y por tanto de restos de tumor.

3. Punción-aspiración con aguja fina( PAAF): una vez que tenemos un nódulo tiroideo identificado con ecografía, debemos analizarlo. Esta técnica consiste en la obtención de células a través de una aguja muy fina mediante aspiración para después observarlas al microscopio. Es una técnica poco dolorosa y rápida de realizar, con muy pocos efectos secundarios. Su precisión diagnóstica es del 90 % para las lesiones benignas y del 60-80 % para las malignas. En ocasiones el resultado puede ser no concluyente por lo que puede ser necesario repetirla.

4. Biopsia: algunas veces, las células que se obtienen por punción no son suficientes o definitivas para el diagnóstico y es necesaria una muestra más grande que consiste en la extirpación de la zona sospechosa para su posterior análisis. Es un procedimiento más complicado que requiere anestesia y produce más molestias por lo que únicamente se realiza en casos difíciles de diagnosticar mediante otras técnicas.

5. Gammagrafía tiroidea: es una prueba específica para el estudio de la patología tiroidea y mide su funcionamiento como glándula. Consiste en la administración de una sustancia radioactiva (generalmente Yodo-131) por vía oral o intravenosa. Permite la diferenciación entre nódulos no funcionantes, llamados “fríos” y los funcionantes o “calientes”: los nódulos “fríos” tienen mayor riesgo de malignidad. (Fig. 2).

Gammagrafía tiroidea

Fig. 2. Gammagrafía tiroidea

Una vez diagnosticado un cáncer de tiroides se completa el estudio de extensión con un TAC toraco-abdominal y en aquellos pacientes con dolores óseos se realiza una gammagrafía ósea que permite descartar metástasis óseas.


Tipos histológicos 

Hay cuatro tipos fundamentales de cáncer de tiroides que se comportan de forma diferente: 

 1. Carcinoma papilar de tiroides: es el tipo más frecuente, representa entre el 80 y el 90 % de los casos. Se origina a partir de las células foliculares del tiroides. Se presenta como un nódulo tiroideo solitario, aunque en 35-45 % de los casos se puede asociar a metástasis de los ganglios linfáticos. Su incidencia es mayor en la mujer y en pacientes con antecedentes de irradiación cervical. Sólo en fases avanzadas, después de años de evolución, suele producirse invasión de estructuras vecinas y metástasis a distancia, siendo muy rara su diseminación por la sangre (a los pulmones). 

2. Carcinoma folicular de tiroides: representa entre el 5 y el 10 % de los tumores de tiroides, su comportamiento es más agresivo que el del carcinoma papilar, pudiendo metastatizar hasta en el 30 % de los casos. Es también más frecuente en mujeres (2-3:1). La edad de aparición es un poco más alta siendo típico de lugares donde existe bocio endémico. Con frecuencia es difícil de distinguir del tiroides normal y una vez que se ha extirpado la mitad del tiroides y se ha analizado, se puede saber con certeza que es un tumor maligno y en ocasiones es necesario reintervenir para quitar todo el tiroides. Clínicamente se presenta de forma similar al papilar como un nódulo tiroideo indoloro sobre una glándula sana o sobre un bocio multinodular. 

3. Carcinoma medular de tiroides: supone alrededor del 5 % de los tumores de tiroides. Es un tumor neuroendocrino que deriva de las células C, productoras de calcitonina. Esta hormona se encarga de la regulación de los niveles de calcio en sangre. El 80 % son esporádicos, sin embargo, un 20 % de los tumores de este tipo se asocian a un síndrome hereditario que se asocia a otros tumores endocrinos (Neoplasia Endocrina Múltiple o MEN 2). Los casos esporádicos suelen presentarse en la quinta-sexta década de la vida con un discreto predominio femenino. Su forma de presentación más común es como nódulo solitario tiroideo. En la mayoría de los pacientes con CMT, la enfermedad ya se ha diseminado en el momento del diagnóstico. El 50 % de los casos presenta signos clínicos de afectación linfática cervical y el 5 % presenta enfermedad diseminada multifocal. Los síntomas son causados por la secreción de calcitonina y otras sustancias. Esto puede provocar diarrea, flushing (enrojecimiento facial) y en ocasiones puede producir un cuadro endocrino más complejo denominado síndrome de Cushing. 

4. Carcinoma anaplásico de tiroides: es el subtipo más raro y se asocia a mal pronóstico y rápida evolución. Es el más agresivo de todos los tumores tiroideos. Ocurre con una frecuencia del 5-10 % de todas las neoplasias tiroideas y menos del 10 % de los pacientes tratados sobreviven a largo plazo. Aparece entre la séptima y la octava década de la vida y es extremadamente raro en menores de veinte años. Es más frecuente en mujeres con una proporción 3:1. Clínicamente se caracteriza por una masa en la región anterior del cuello de rápido crecimiento acompañado de síntomas de compresión de las vías digestivas y aéreas superiores produciendo dolor cervical, disfonía y disfagia por invasión tumoral difusa de estas estructuras. Esta invasión limita el papel de la cirugía que suele ser paliativa, reductora de masa y casi nunca radical. Se considera estadio IV (avanzado) desde el diagnóstico basado en su histología y comportamiento biológico. Poseen capacidad de diseminación por todas las vías, estando presentes metástasis ganglionares cervicales y metástasis a distancia entre el 18 y 50 % de los casos al diagnóstico. Las localizaciones metastásicas más frecuentes son los pulmones (90 %), el hueso (15 %) y el cerebro (15 %). Son características las metástasis cutáneas, apareciendo frecuentemente en el cuero cabelludo. Es un tumor con nula o escasa respuesta al tratamiento, pero en aquellos pacientes en los que sea posible la resección quirúrgica se debe realizar (tiroidectomía total y linfadenectomía).


Estadios del tumor 

El sistema más utilizado para su clasificación se llama TNM.

• T hace referencia al tamaño tumoral, 
• N al estado de los ganglios.
• y M a la presencia de metástasis a distancia. Según esta clasificación se establecen cuatro estadios (I, II, III y IV) en el que el I supone un tumor localizado en la glándula y el IV implica metástasis a distancia.


Pronóstico 

La supervivencia global a cinco años está en torno a 96,9 %, siendo 99,7 % para estadios localizados y de 57,8 % para estadios avanzados; esta puede variar en función de varios factores:

1. Tipo histológico: la supervivencia de los carcinomas papilares a los 10 años está entre el 80 y 95 %, mientras que en los foliculares oscila entre el 65 y 85 %. Sin embargo rara vez se consiguen supervivencias a mas de 2 años en los carcinomas medulares y anaplásicos. 

2. Edad: es el factor más importante en los carcinomas diferenciados, ya que por debajo de los 40 años son pocos los pacientes que fallecen a consecuencia del tumor pero a partir de los 50 años la curva de supervivencia desciende bruscamente.

3. Sexo: no parece tener mucha relevancia aunque la mortalidad global es discretamente más elevada en varones. 

4. Estadio local: su influencia es muy importante, ya que la mortalidad de los tumores menores de 2 cm es prácticamente nula, y aumenta progresivamente según exista afectación de la cápsula ganglionar. 

5. Metástasis a distancia: su comportamiento es más benigno que en otros tumores de cabeza y cuello. Se ve influenciado por la edad, así no es infrecuente supervivencias mayores de 10 años en pacientes menores de 40 años, exceptuando los tumores medulares y anaplasicos. 


Tratamiento 

Hay varias modalidades de tratamiento que se pueden aplicar en el cáncer de tiroides dependiendo del tipo de tumor y la fase de la enfermedad.

Se distinguen fundamentalmente dos escenarios:

A. Tratamiento de la enfermedad localizada

1. Cirugía: Es el principal tratamiento para el cáncer de tiroides. Es importante realizar una ecografía tiroidea previa para planear el procedimiento quirúrgico a realizar.

Según la extensión, son varias las técnicas que se pueden realizar:

- La tiroidectomía total o extirpación completa del tiroides: es el tratamiento indicado en la mayoría de los casos, especialmente ante la presencia de factores de mal pronóstico (tamaño > 4 cm, extensión extratiroidea, bilateralidad, edad > 45 años, presencia de metástasis ganglionares).

Hemitiroidectomía o extirpación de un lóbulo: se puede indicar en casos unilaterales o con factores de buen pronóstico.

- En ocasiones puede ser necesaria la cirugía de los ganglios del cuello (disección cervical). Puede considerarse en caso de nódulos cervicales palpables y con biopsia positiva. En los casos en los que no existen nódulos palpables, su indicación está cuestionada. Está indicada de entrada en los carcinomas medulares de tiroides.

Las complicaciones más frecuentes de la cirugía son:

- Hipotiroidismo: al extirparse la glándula tiroides en su totalidad, la secreción de hormonas tiroideas por la glándula queda anulada. El tratamiento consiste en administrarlas en pastillas de forma permanente.

- Parálisis de cuerdas vocales: los nervios recurrentes son los encargados de mover las cuerdas vocales y pasan muy cerca del tiroides. En los tumores puede estar afectado por invasión o lesionarse en la cirugía. Cuando afecta a un solo lado, su síntoma es la ronquera y la dificultad para respirar con el ejercicio extremo. Puede mejorar parcialmente con rehabilitación. 

- Hipoparatiroidismo: las glándulas paratiroides en número de cuatro se encuentran alojadas dentro del tejido tiroideo. En algunas cirugías se pueden extirpar de forma accidental ocasionando un déficit de hormona paratiroides, que se debe aportar de forma contínua.

Tras el tratamiento quirúrgico inicial, los pacientes son típicamente manejados por los especialistas en endocrinología. Se debe valorar el riego de enfermedad recurrente o metastásica para determinar la necesidad de tratamiento posterior, especialmente tratamiento con radioyodo.

2. Tratamiento con yodo radiactivo (I-131): el tiroides absorbe el Yodo del cuerpo; con esta técnica se intenta localizar cualquier célula en el organismo que capte yodo y después se destruye. Se administra una cápsula de I-131 con el fin de destruir el tejido tiroideo residual y cualquier resto de tumor que haya podido quedar y para facilitar el seguimiento mediante gammagrafía. No está indicado en todos los casos sólo en aquellos que tras la cirugía tienen los márgenes afectados, hay enfermedad residual, en variedades histológicas agresivas o en casos que tienen algún factor de mal pronóstico. Se realiza de forma complementaria a la cirugía, el mejor momento es a las 3- 4 semanas de la cirugía y la dosis establecida es de 30-10 mCi para eliminar el remanente tiroideo o de 100-200 mCi si hay constancia de enfermedad neoplásica residual. Se tolera bastante bien y tiene pocos efectos secundarios. 

3. Tratamiento hormonal para supresión de TSH: el uso de tiroxina después de la cirugía se realiza con dos finalidades: por un lado con fines sustitutivos para preservar la función tiroidea y para disminuir la secreción de TSH ( hormona estimulante del tiroides) que puede actuar como factor estimulante de crecimiento y proliferación de las células neoplásicas. Su utilidad está controvertida aunque en estudios publicados recientemente parece que mantener la supresión durante al menos cinco años puede ser beneficioso.

4. El tratamiento de la enfermedad localizada con radioterapia sólo está indicada en casos seleccionados en los que la extirpación del tumor afecta los márgenes o con factores de mal pronóstico. 

B. tratamiento de la enfermedad irresecable o enfermedad metastásica.

La recurrencia del tumor en el cuello se puede detectar mediante exploración clínica o elevación de la tiroglobulina en sangre. La mediana de supervivencia en los pacientes con carcinoma diferenciado de tiroides yodorefractario en enfermedad recurrente y/o metastásico es menor de 3 años. Sin embargo, las líneas de investigación actuales han permitido mejorar estos datos gracias a la identificación de mecanismos moleculares implicados en su desarrollo.

Debido a la baja eficacia de los tratamientos citotóxicos convencionales (quimioterapia), se debe valorar la inclusión en ensayos clínicos de aquellos pacientes que presenten enfermedad recurrente o metastásica. Los ensayos clínicos permiten a los pacientes beneficiarse de tratamientos que son al menos tan efectivos como los conocidos.

Los tratamientos son los mismos que se aplican en la enfermedad localizada con algunas diferencias. El primer tratamiento que se plantea en los pacientes con carcinoma diferenciado de tiroides es la ablación con I131. Las sesiones pueden repetirse cada 6 a 12 meses siempre que el tumor mantenga la captación. 

  • El tratamiento con I-131 es la base de y se puede repetir siempre que el tumor siga manteniendo su captación.
  • La cirugía puede indicarse para controlar los síntomas locales.
  • La supresión de la TSH también puede ser de utilidad, manteniendo la TSH en niveles por debajo de 0,1 uU/mL.

En el caso de tumores avanzados, refractarios a I-131, existen varios tratamientos disponibles:

1. Quimioterapia: es la utilización de fármacos con el fin de destruir las células malignas. Es uno de los tratamientos más empleados en todos los tipos de cáncer; no obstante su utilidad es limitada en el cáncer de tiroides. Sólo se utiliza en enfermedad metastásica avanzada y tras el fracaso a otros tratamientos. El único citostático aprobado para su uso en cáncer de tiroides es la doxorrubicina, con tasas de respuestas entre el 20 y el 40 % aunque existen pocos estudios y con pocos pacientes. En los carcinomas anaplásicos se ha intentado el uso de taxanos.

En los últimos años se han aprobado muchos fármacos, terapias diana, que han relegado a la quimioterapia a líneas muy tardías de tratamiento.

2. Radioterapia: su utilidad en el cáncer de tiroides es limitada, ya que en aquellos tumores que captan yodo se administra yodo radiactivo. Su finalidad es fundamentalmente paliativa, para controlar fundamentalmente el dolor, el crecimiento local o prevenir las fracturas óseas en los casos de metástasis.

3. Terapias dirigidas: en los últimos años se han aprobado varias terapias dirigidas para el tratamiento del carcinoma diferenciado de tiroides resistente a Yodo radiactivo.

El conocimiento de los mecanismos moleculares implicados en el desarrollo del cáncer de tiroides ha permitido el desarrollo de moléculas dirigidas a dianas específicas implicadas en el crecimiento del tumor. La mayoría tienen actividad antiangiogénica (destruyen los nuevos vasos que el tumor necesita para crecer) además de alterar las vías implicadas en la señalización y crecimiento de las células tumorales. Su tasa de respuestas se sitúa en torno al 15 -30 %.

El grupo más desarrollado hasta el momento es el de los inhibidores de tirosin-kinasa. Son pequeñas moléculas que se administran por vía oral y están autorizadas para diferentes tipos de tumores. Son diferentes los tratamientos disponibles dependiendo del tipo de carcinoma de tiroides:

CARCINOMA DIFERENCIADO DE TIROIDES

a. Sorafenib: es un inhibidor de varias receptores (multiquinasa). Fue la primera molécula que demostró actividad en carcinoma diferenciado de tiroides refractario a radioyodo. Se administra a una dosis de 400 mg, dos veces al día. Los efectos secundarios más frecuentes son digestivos y cutáneos, observándose síndrome mano-pie hasta en el 75 % de los pacientes.

b. Lenvatinib: se trata también de un inhibidor multiquinasa para pacientes que ya han recibido un tratamiento previo tras progresión a radioyodo. Se administra a una dosis de 24 mg al día por vía oral. Los efectos secundarios más relevantes son la hipertensión y la diarrea.

c. Sunitinib: se trata de un inhibidor de tirosin-kinasa. La dosis más habitual es la de 50 mg al día 4 semanas seguida de dos semanas de descanso, aunque también puede utilizarse a la dosis de 37.5 mg al día de foma continua. Los efectos secundarios más frecuentes son fatiga, diarrea, síndorme mano-pie, neutropenia e hipertensión.

d. Pazopanib: se trata de un fármaco antiangiogénico también por vía oral. La dosis recomendada es de 800 mg al día. Los efectos secundaros más frecuentes son hipertensión y elevación de las transaminasas.

Están en desarrollo muchas otras moléculas como son vemurafenib,dabrafenib, agentes antiangiogénicos como la Talidomida o la Lenalidomida, fármacos que inhiben TR, PI3K o RET, algunos de los cuales se podrán utilizar en los próximos años.

La inmunoterapia es ya una realidad en el tratamiento de muchos tumores sólidos y también se está investigando su utilidad en el carcinoma diferenciado de tiroides. Un estuduio preliminar con PAmbrolizumab ha demostrado resultados prometedores.

CARCINOMA MEDULAR DE TIROIDES

En los últimos años se han aprobado dos fármacos para el tratamiento del carcinoma medular de tiroides.

a. Vandetanib: es un potente inhibidor oral de varias dianas. La dosis es de 300 mg al día. Las toxicidades más habituales son diarrea, hipertensión, alteraciones del ECG y astenia (cansancio).

b. Cabozantinib: inhibe también varias vías de señalización. Se administra a dosis de 140 mg al día. Los efectos secundarios más frecuentes son diarrea y síndrome palmpoplantar.

CARCINOMA ANAPLASICO DE TIROIDES

Se trata de un tumor de crecimiento my rápido, en aquellos pacientes con mutación de B-RAF, se puede plantear el tratamiento con inhibidores (Dabrafenib o Vemurafenib).

Debido a su mal pronóstico y a las mínimas posibilidades terapéuticas que existen, existe una necesidad imperiosa de encontrar nuevas alternativas. Resulta muy difícil realizar ensayos clínicos, sin embargo existen estudios en marcha con combrestatín, Imatinib o bevacizumab.


Revisiones y seguimiento 

Una vez tratado con éxito un cáncer de tiroides, hay que realizar revisiones periódicas con el objetivo de detectar las posibles recaídas y controlar los efectos secundarios.

El seguimiento de todo paciente tratado de un cáncer de tiroides siempre debe realizarlo entre otros especialistas un endocrinólogo, ya que la correcta función tiroidea es fundamental para el mantenimiento del resto de las funciones del organismo.

Las pruebas que habitualmente se realizan son las siguientes:

- Analítica completa.
- Ecografía cervical.
- Rastreo con I-131. 

En los últimos años estamos asistiendo a un desarrollo de nuevos tratamientos dirigidos frente a dianas moleculares, lo que ha supuesto un aumento en la supervivencia global de los pacientes.