Cáncer de esófago
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AUTOR: Dra. María José Safont
El esófago es un tubo muscular, hueco, que se extiende desde la faringe hasta el estómago, y sirve para el paso de alimento. En su recorrido, atravesando el cuello y el tórax para llegar al abdomen, se encuentra por delante de la columna vertebral, en íntima relación con distintas estructuras (aorta, nervio recurrente laríngeo izquierdo, bronquio principal izquierdo, corazón y diafragma).
El esófago mide aproximadamente 25 cms., y se divide anatómicamente en:
- Tercio superior: desde el borde inferior del cartílago cricoides hasta 18 cms. de los dientes incisivos superiores.
- Tercio medio: entre 18 a 32 cms. de los dientes incisivos superiores (aproximadamente hasta por encima de la unión gastroesofágica).
- Tercio inferior: desde la unión gastroesofágica hasta aproximadamente 40 cms. de los dientes incisivos superiores.
Otra forma de división del esófago hace referencia a su localización anatómica:
- Esófago cervical: desde el borde inferior del cartílago cricoides hasta el estrecho torácico superior, a 20 cms. de incisivos superiores.
- Esófago intratorácico:
- Superior: hasta la bifurcación traqueal, a 25 cms. de los incisivos superiores.
- Medio: hasta 30 cms. de los incisivos superiores.
- Inferior: hasta la unión gastroesófagica, a 40 cms. de los incisivos superiores. - Abdominal: desde la unión gastroesofágica hasta 2 cms. por debajo de ésta, 45 cms. de los incisivos superiores.
El cardias (esfínter esofágico inferior) es el anillo muscular que separa el esófago del estómago. Su función es permitir el paso de la comida del esófago al estómago, y no en sentido contrario. Su mal funcionamiento condiciona la aparición de reflujo gastroesofágico.
Los tumores de la unión esofagogástrica se clasifican junto a los tumores de esófago. La unión esofagogástrica es un área anatómica imprecisa, de localización alrededor del cardias. La mucosa del esófago es rosado pálida y termina en la línea Z, convirtiéndose a un color rojo salmón propio de la mucosa gástrica.

Epidemiología
El cáncer de esófago fue a nivel mundial el 11º tipo de cáncer más diagnosticado en 2022, con alrededor de 511.000 nuevos casos, y la séptima causa de muerte por cáncer. Su incidencia varía mucho por región, siendo más común en el sudeste africano y el este asiático, y menos frecuente en otras áreas como Estados Unidos y Europa occidental, aunque se espera que aumente en algunos países occidentales.
Según el informe “Las cifras del cáncer en España 2025” publicado por SEOM, se estiman 1.883 nuevos casos de cáncer de esófago para este año, lo que representa un 7,7% de la incidencia total de cáncer en hombres y un 3,6% en mujeres, ocupando el decimoctavo lugar en frecuencia en varones y el vigesimotercero en mujeres. El cáncer de esófago es también la decimoquinta causa de mortalidad en hombres y la vigesimocuarta en mujeres, lo que refleja una mortalidad significativa en relación con su incidencia.
El cáncer de esófago es más frecuente en el hombre que en la mujer, pudiendo oscilar la relación entre 3 y 10 hombres por cada mujer, dependiendo del área geográfica. La edad habitual de presentación es entre los 55 y los 70 años, siendo infrecuentes los casos en personas por debajo de los 40 años.
En los últimos años la incidencia del adenocarcinoma del tercio distal del esófago y de la unión gastroesofágica se ha incrementado de forma paralela a la enfermedad por reflujo gastroesofágico, especialmente en personas con alto índice de masa corporal.
Etiología y factores de riesgo
Dependiendo del tipo histológico (adenocarcinoma o carcinoma epidermoide) existen diferentes factores de riesgo asociados con su aparición.
Los factores de riesgo asociados al desarrollo de carcinoma epidermoide de esófago son:
Carcinoma epidermoide de esófago:
- Tabaco
- Alcohol
- Extracción social baja.
- Dieta: déficit nutritivos, hipovitaminosis, ingesta de alimentos con alto contenido de nitrosaminas (carne conservada, pescado ahumado, seco…).
- Acalasia
- Esófago de Barrett
- Lesiones por cáusticos.
- Tilosis (queratodermia palmoplantar)
- Síndrome de Plummer-Vinson.
- Neoplasias de cabeza y cuello.
- Cáncer de mama cuyo tratamiento haya comprendido la radioterapia.
- Consumo habitual de bebidas muy calientes
Existe una mayor frecuencia de segundos tumores del tracto respiratorio y digestivo superior entre los pacientes con carcinoma epidermoide de esófago, mayoritariamente como resultado de la exposición al tabaco.
Adenocarcinoma de esófago:
- Reflujo gastroesofágico.
- Obesidad (especialmente abdominal).
- Sexo masculino (7:1).
- Extracción social baja.
- Dieta: déficits nutritivos, hipovitaminosis, ingesta de alimentos con alto contenido de nitrosaminas (carne conservada, pescado ahumado, seco…).
- Tabaco
- La evidencia reciente muestra que la infección por pylori no aumenta el riesgo e incluso puede tener un efecto protector frente al adenocarcinoma
El adenocarcinoma de esófago distal y de la unión gastroesofágica surge típicamente en un epitelio con metaplasia, circunstancia conocida como esófago de Barrett, que abarca uno o más centímetros de mucosa columnar sobre la unión gastroesofágica.El esófago de Barret es dos veces más prevalente en varones que en mujeres, y su frecuencia se incrementa con la edad. Pese a asociarse con la enfermedad por reflujo crónico, su verdadera causa es desconocida. Aproximadamente el 60% de los casos de adenocarcinoma de esófago distal o de la unión gastroesofágica presentan evidencia de esófago de Barret.
Prevención
La prevención pasa por evitar los factores de riesgo asociados al desarrollo de cáncer de esófago.
No se ha descrito ningún programa de detección precoz (screening) eficaz en la población sana, ni existen datos concluyentes que lo apoyen.
En el caso de existencia de esófago de Barretse aconseja la realización periódica de endoscopia con toma de biopsias con el fin de detectar cambios premalignos (displasia) de forma precoz.
- En la displasia de bajo grado se recomienda un seguimiento más estrecho o tratamiento endoscópico.
- En la displasia de alto grado la opción de referencia es la terapia endoscópica de erradicación (resección mucosa y/o ablación por radiofrecuencia), reservando la cirugía solo en casos seleccionados.
Signos y síntomas al diagnóstico
En las etapas iniciales de la enfermedad, el cáncer de esófago habitualmente es asintomático, por lo que su diagnóstico suele ser casual durante el estudio de otros problemas de salud.
Los síntomas más frecuentemente asociados al cáncer de esófago, por los que el paciente acude al médico, son:
- Disfagia: dificultad para tragar o sensación de que el alimento se ha quedado detenido en la garganta o en el tórax. Inicialmente la disfagia es para alimentos sólidos, siendo posteriormente, conforme progresa la enfermedad, para líquidos.
- Pérdida de peso: provocada por la imposibilidad para alimentarse adecuadamente, y por una pérdida de apetito y cambios en el metabolismo inducidos por la enfermedad.
- Dolor: se localiza habitualmente en el tórax, por detrás del esternón. Se trata de un síntoma inespecífico, pues puede aparecer en procesos benignos del esófago, como en el reflujo gastroesofágico. Si aparece en un paciente con cáncer de esófago suele asociarse a un tumor de gran tamaño.
- Síntomas respiratorios: tos e infecciones respiratorias. Suele ser derivado de la afectación del árbol respiratorio secundaria al tumor esofágico. Si aparece en un paciente con cáncer de esófago suele asociarse a un tumor avanzado.
- Otros síntomas: sangrado, disfonía (ronquera) e hipo. También pueden presentarse anemia inexplicada, reflujo persistente o sangrado oculto (heces negras) como signos de alarma.
Es importante resaltar que estos síntomas también pueden estar causados por otras enfermedades del esófago, o por otras causas menos serias. En caso de presentar alguno de estos síntomas debe consultar con su médico a la mayor brevedad posible, pues sólo un médico puede discernir con seguridad sobre su trascendencia.
Estudios diagnósticos
Una vez que consulte a su médico, éste le interrogará sobre sus síntomas y su historial médico previo. Igualmente le realizará un examen físico completo.
Posteriormente, y basándose en las sospechas diagnósticas, en el estudio del cáncer de esófago se pueden realizar diferentes pruebas diagnósticas entre las que podemos incluir:
- Análisis de sangre, incluyendo pruebas de función renal, hepática. Es importante la evaluación nutricional del paciente previa a la toma de decisiones en el tratamiento, así como en el transcurso del mismo, con el fin de favorecer su éxito.
- Tránsito esofago-gastro-duodenal: estudio radiográfico con contraste (habitualmente bario). Tras ingerir el contraste, éste recubre toda la pared de esófago y estómago marcando su contorno, permitiendo así apreciar, mediante la realización de radiografías, si existe alguna lesión que haga sospechar la existencia de un cáncer.
- Endoscopia: observación del tubo digestivo mediante un tubo flexible que permite, mediante una luz y una camara en su extremo, visualizar las paredes del esófago. En caso de que se observe alguna lesión sospechosa, se procede a tomar una biopsia. En algunas ocasiones la lesión esofágica provoca el estrechamiento del esófago, impidiendo así el paso del endoscopio, lo que resta utilidad a esta prueba.
- Ecografía transesofágica (ecoendoscopia): observación de las paredes del esófago mediante un endoscopio al que se le acopla una sonda de ecografía. Ayuda a conocer la extensión local del tumor (profundidad que alcanza en la pared del esófago, extensión a ganglios cercanos y extensión a estructuras vecinas). Permite toma de biopsias tanto de la mucosa del esófago como de ganglios linfáticos regionales sospechosos.
- Tomografía Axial Computerizada (TAC) de tórax y abdomen: permite conocer, basándose en su tamaño, la extensión local del tumor, la posible afectación de ganglios cercanos, y la extensión a otros órganos (pulmón, hígado...).
- Tomografía de Emisión de Positrones (PET): estudio del cuerpo entero que ayuda a conocer la extensión de la enfermedad (local y a distancia), basándose no en el tamaño de las estructuras, sino en su comportamiento metabólico. Es especialmente útil para evaluar la afectación de ganglios linfáticos y metástasis a distancia ocultas mediante otras técnicas, evitando así la agresividad de tratamientos locales en pacientes con enfermedad diseminada. Actualmente se recomienda de rutina en pacientes candidatos a tratamiento curativo.
- Pruebas de función respiratoria: con el fin de prevenir las posibles complicaciones respiratorias que puedan derivarse del tratamiento.
- Broncoscopia: observación del árbol respiratorio mediante un endoscopio para descartar alteraciones derivadas de la extensión del tumor esofágico. Esta técnica se realiza habitualmente ante tumores que afectan a la porción de esófago situada por encima de la bifurcación traqueal (carina).
Otras técnicas que en ocasiones pueden resultar útiles en el diagnóstico y estudio del cáncer de esófago son la laringoscopia (exámen laríngeo mediante espejo ó laringoscopio), la toracoscopia (procedimiento quirúrgico para la valoración de los órganos intratorácicos en busca de zonas anormales), y la laparoscopia (procedimiento quirúrgico para examinar los órganos intraabdominales buscando signos de enfermedad), esta última a considerar en casos seleccionados de tumores localizados en la unión esofagogástrica.
Tipos histológicos
Los principales tipos histológicos de cáncer de esófago son:
- Carcinoma escamoso o epidermoide: derivado de las células planas (escamosas) de la mucosa (parte más superficial de la pared) del esófago. Su incidencia ha decrecido de forma muy notable en los últimos 20 años en Europa y América, aunque sigue siendo el tipo más común en Asia y África.
- Adenocarcinoma: aparece en las células glandulares, habitualmente en la parte inferior del esófago o en la unión con el estómago. Su frecuencia ha aumentado en los últimos años, especialmente en varones con reflujo crónico y esófago de Barrett.
Otros tumores del esófago son muy poco frecuentes: sarcomas (como el leiomiosarcoma), linfomas y melanomas. También existen tumores benignos, como papilomas o pólipos.
En la actualidad, además del tipo histológico, algunos cánceres de esófago se analizan para buscar biomarcadores (como HER2 o PD-L1), lo que puede orientar hacia tratamientos dirigidos o inmunoterapia.
Estadios
El cáncer de esófago se clasifica en estadios según la profundidad del tumor en la pared del esófago, la afectación de ganglios linfáticos y la presencia o no de metástasis (extensión a otros órganos). Conocer el estadio de la enfermedad es fundamental, porque determina el tratamiento más adecuado y ayuda a estimar el pronóstico.
La clasificación del cáncer de esófago, en su última actualización de 2017, incluye a los carcinomas de la unión esofagogástrica, y diferencia a los carcinomas epidermoides y a los adenocarcinomas en dos sistemas de clasificación diferentes.
Estos grados de diferenciación, junto con el tipo histológico del tumor primario (epidermoide o adenocarcinoma) y la clasificación TNM (T, tumor primario; N, ganglios linfáticos regionales; M, metástasis a distancia) determinan el estadio de la enfermedad según el consenso alcanzado en 2017 por el AJCC (Comité Estadounidense Conjunto sobre el Cáncer) y la UICC (Unión Internacional Contra el Cáncer). Si bien las clasificaciones de T, N y M, son comunes para los tumores esofágicos, independientemente de su histología, su combinación para la definición de los estadios de la enfermedad es diferente en función del tipo histológico. Del mismo modo, la agrupación por estadios puede ser diferente al ser clínica, en base a los hallazgos en los estudios diagnósticos, o patológica, en base a los hallazgos resultantes del exámen de la pieza quirúrgica tras resección.
Para una mejor comprensión, en la siguiente clasificación por estadios se han agrupado las histologías epidermoide y adenocarcinoma, así como los diferentes grados de diferenciación, por lo que la clasificación aquí descrita resulta una simplificación de la actualmente establecida:
- Estadio 0: también denominado carcinoma in situ. El cáncer se localiza sólo en la parte más superficial de la mucosa esofágica, sin sobrepasarla.
- Estadio I: Tumores bien diferenciados, sin infiltración ganglionar locorregional por metástasis, que alcanzan como máximo la capa muscular propia sin sobrepasarla*.
- Estadio II: El tumor no alcanza la capa adventicia, asociando un máximo de dos ganglios linfáticos locorregionales infiltrados por metástasis; ó alcanza sin sobrepasar la capa adventicia sin presentar ganglios linfáticos con metástasis*.
- Estadio III: El tumor afecta a la capa adventicia, asociando un máximo de 2 ganglios linfáticos locorregionales infiltrados por metástasis; o presenta afectación ganglionar en más de 2 y menos de 7 ganglios, independientemente de la profundidad de invasión del tumor sin que éste afecte a estructuras adyacentes*.
- Estadio IV: El tumor compromete a estructuras adayacentes, o presenta una importante afectación locorregional ganglionar (siete o más ganglios afectos), o se ha extendido a distancia (a otros órganos del cuerpo).
* En los estadios I a III pueden existir diferencias en las categorías T y N incluidas según histología, el grado de diferenciación, la localización del tumor primario y que la estadificación sea clínica o patológica.
Para los tumores de la unión gastroesofágica se utiliza además la clasificación de Siewert, que distingue tres tipos según la localización respecto al cardias:
- Tipo I: adenocarcinoma del esófago distal.
- Tipo II: verdadero carcinoma de cardias.
- Tipo III: adenocarcinoma subcardial que infiltra la unión.
En términos prácticos, para los pacientes se explica habitualmente de manera simplificada en estadios 0 a IV, según la profundidad del tumor, ganglios afectados y metástasis.
Factores pronósticos
El pronóstico del cáncer de esófago depende de varios factores, principalmente del estadio de la enfermedad y de las características histológicas:
- En el carcinoma epidermoide influye el grado de diferenciación y la localización del tumor.
- En el adenocarcinoma, el grado de diferenciación.
Otros factores pronósticos relevantes son:
- La longitud del tumor.
- La invasión vasculolinfática (presencia de células tumorales en vasos sanguíneos o linfáticos).
- La existencia de tumor residual tras un tratamiento preoperatorio.
- Los márgenes quirúrgicos.
- La extensión más allá de la cápsula de los ganglios linfáticos.
- La expresión o amplificación de HER2 en adenocarcinoma.
El estado general y nutricional del paciente, así como la calidad de la cirugía y el carácter multidisciplinar del tratamiento, también influyen en el pronóstico.
En los últimos años se incorporan biomarcadores como PD-L1, MSI o Claudina 18.2, que permiten seleccionar terapias dirigidas o inmunoterapia.
Tratamiento: aspectos generales
Existen diferentes opciones de tratamiento para los pacientes con cáncer de esófago. En ocasiones el tratamiento se basa en una sola de estas opciones, mientras que en otros casos el tratamiento óptimo surge de la combinación adecuada de las mismas (tratamiento multidisciplinar). El tratamiento idóneo se deriva del consenso alcanzado en comités en los que las diferentes especialidades (anatomía patológica, radiodiagnóstico, cirugía, medicina digestiva, oncología radioterápica y oncología médica) se encuentran representadas.
Por otra parte, en el cáncer de esófago resulta de especial trascendencia la atención al estado nutricional del pacientes, dado que este puede verse comprometido por la localización y la forma de presentación de la enfermedad. Sólo aquellos pacientes con un estado nutricional adecuado serán tributarios y alcanzarán el máximo beneficio con el menor riesgo de las alternativas de tratamiento disponibles en la enfermedad localizada, así como de las diferentes líneas de tratamiento de la enfermedad avanzada.
Antes de empezar el tratamiento, es conveniente que los pacientes consideren participar en un ensayo clínico (estudio de investigación que procura mejorar los tratamientos actuales u obtener información sobre tratamientos nuevos para pacientes con cáncer).
Existen tres opciones fundamentales de tratamiento para el cáncer de esófago:
Cirugía:
Su objetivo es extirpar el tumor con márgenes libres, es decir, sin dejar enfermedad residual. Se considera indicada en estadios iniciales de la enfermedad (resecable). El tipo de cirugía varía en función del tamaño, localización y extensión de la enfermedad. La esofagectomía es la extirpación quirúrgica de parte o la totalidad del esófago, conectando la parte sana restante al estómago, para así permitir la alimentación del paciente. Es factible la utilización de parte del intestino para realizar la conexión.
En la esofagectomía se incluye la extirpación de los ganglios linfáticos cercanos al esófago, para su estudio al microscopio, con el fin de conocer el grado de extensión de la enfermedad.
En ocasiones puede ser necesaria la realización de una gastrostomía de alimentación, ante imposibilidad para la ingesta de alimentos (condicionada por un estrechez infranqueable del esófago). Esta técnica puede realizarse vía endoscópica o de manera quirúrgica.
Radioterapia:
Consiste en la utilización de radiaciones ionizantes de alta energía para el tratamiento local o locorregional del tumor. La radioterapia se puede emplear como tratamiento único ó formando parte de una estrategia multidisciplinar (combinada con la cirugía y/o la quimioterapia).
Se utiliza con intención curativa, en estadios iniciales de la enfermedad, ó con intención paliativa, en estadios avanzados, para aliviar síntomas tales como el dolor y la disfagia.
Existen dos modalidades de tratamiento radioterápico:
- Radioterapia externa: consiste en la utilización de una máquina fuera del cuerpo para enviar la radiación al área concreta que se desea tratar.
- Radioterapia interna (braquiterapia): : en ésta, una sustancia radioactiva se coloca (mediante un sistema sellado) muy cerca o dentro del tumor, permitiendo así alcanzar más dosis de radiación con menores efectos secundarios sobre los tejidos sanos. En el cáncer de esófago generalmente se utiliza para el tratamiento de la disfagia.
Quimioterapia:
Consiste en la introducción de un fármaco al torrente sanguíneo (quimioterapia sistémica) para eliminar las células cancerosas de todo el cuerpo (dentro y fuera del esófago).
La quimioterapia se puede emplear como tratamiento único ó formando parte de una estrategia multidisciplinar (combinada con la cirugía y/o la radioterapia). Su uso puede ser mediante la administración de un agente único o mediante la combinación de varios fármacos de quimioterapia. Recientemente se ha demostrado la seguridad y la eficacia de la combinación de quimioterapia e inmunoterapia.
La quimioterapia se utiliza con intención curativa, en estadios iniciales de la enfermedad, ó con intención paliativa, en estadios avanzados, pudiendo existir diferentes líneas de tratamiento en este último supuesto.
Inmunoterapia:
La inmunoterapia es una estrategia terapéutica que trata de revertir los mecanismos que el tumor utiliza para frenar la respuesta inmune natural del individuo tendente a evitar el desarrollo tumoral.
Estudios recientes de inmunoterapia han abierto la oportunidad a que esta estrategia de tratamiento se incorpore al arsenal terapéutico frente al carcinoma de esófago.
En el contexto de la enfermedad localmente avanzada resecable, la inmunoterapia adyuvante a la quimiorradioterapia neoadyuvante y cirugía posterior, ha demostrado aumentar el tiempo de supervivencia libre de recaída en quellos pacientes con enfermedad residual en el análisis histopatológico de la pieza resecada.
En la enfermedad avanzada, la combinación de quimioterapia asociada a inmunoterapia , así como la inmunoterapia combinada exclusiva ha demostrado ser segura y superior en términos de supervivencia a la quimioterapia aislada. Por otra parte la inmunoterapia en segunda línea de tratamiento ha demostrado beneficio frente a las alternativas disponibles de quimioterapia tras el fracaso a tratamiento previo de primera línea en el que no se hubiera incluido un agente inmunoterápico.
Otros tratamientos con posible indicación en el cáncer de esófago son la terapia láser (destrucción del tumor con láser), y la colocación de prótesis esofágicas (stent), consistente en la implantación endoscópica de un tubo expandible. Esta última técnica se utiliza para resolver la estrechez esofágica provocada por el tumor y permitir así la adecuada alimentación del paciente.
Cualquiera que sea la opción de tratamiento considerada, ésta deberá de ir acompañada del oportuno tratamiento de soporte. Dentro del denominado tratamiento de soporte se incluye el manejo de aspectos tales como la nutrición, el control del dolor, el apoyo psicológico, así como todos aquellas circunstancias que puedan impactar en la calidad de vida del paciente, desde el diagnóstico, durante el tratamiento, y en la evolución posterior de la enfermedad.
Tratamiento. Estadios Localizados
Por estadios localizados de cáncer de esófago entendemos los estadios I, II, y III. En estos estadios localizados el objetivo del tratamiento es la curación de la enfermedad.
- En el estadio I, la cirugía suele ser el tratamiento estándar. En etapas muy tempranas puede plantearse la resección endoscópica, aunque es algo poco frecuente.
- En los estadios II y III, debido a los resultados limitados de la cirugía aislada, se emplea un tratamiento combinado. La mayoría de los pacientes reciben inicialmente quimioterapia o quimiorradioterapia antes de la cirugía (tratamiento neoadyuvante).
El tratamiento fundamental es la cirugía. En la mayoría de pacientes con cáncer de esófago estadio I la cirugía exclusiva es el tratamiento estándar, salvo en casos con diagnóstico en etapas muy tempranas de la enfermedad en los que se puede plantear la resección endoscópica. No obstante, cabe destacar que el diagnóstico de la enfermedad en etapas tan precoces es un hecho infrecuente.
En los casos más habituales de diagnóstico de la enfermedad, en estadios II y III, ante los no óptimos resultados de tratamiento quirúrgico aislado, ha existido un interés creciente por utilizar un tratamiento multidisciplinar. En muchas ocasiones se necesita de la combinación de la utilización de quimioterapia y/o radioterapia, con el objetivo de mejorar los resultados obtenidos solamente con la cirugía. La mayoría de estos pacientes son tratados inicialmente con quimioterapia o con la combinación de la quimioterapia y radioterapia previamente al tratamiento quirúrgico.
No existen datos que justifiquen el uso de la quimioterapia y/o la radioterapia como tratamiento adyuvante posterior a la resección completa de un cáncer de esófago.
- Sin embargo, en determinados casos de adenocarcinoma de la unión esofagogástrica está justificado el uso de la combinación de la quimiorradioterapia adyuvante posterior a la cirugía, así como de la quimioterapia perioperatoria (previa y posterior a la cirugía) con el fin de mejorar los resultados obtenidos con el tratamiento quirúrgico exclusivo.
- Del mismo modo, en casos seleccionados de adenocarcinoma de tercio inferior de esófago se considera el uso de quimioterapia previa y posterior al tratamiento quirúrgico con intención curativa.
Recientemente se ha demostrado el beneficio de la inmunoterapia con nivolumab como adyuvante en pacientes tratados con quimiorradioterapia y cirugía que presentan tumor residual. Esto aumenta la supervivencia libre de recaída. Por tanto, en pacientes con enfermedad localmente avanzada resecable tratados con quimiorradioterapia neoadyuvante y cirugía, debe recomendarse nivolumab adyuvante si no hay respuesta completa patológica y no existen contraindicaciones.
Dado que existen diferentes estrategias válidas de tratamiento, es posible que se ofrezca la opción de participar en un estudio con el objeto de evaluar las diferentes alternativas terapéuticas.
En aquellos casos en los que, pese a ser una enfermedad localizada, existen criterios que contraindiquen la cirugía (infiltración de estructuras vecinas o inoperabilidad por enfermedades asocias entre otros), el tratamiento habitual consiste en la radioterapia, la quimioterapia, o la combinación de quimioterapia y radioterapia con intención radical.
En aquellos pacientes en los que exista una imposibilidad para la ingesta de alimentos (condicionada por un estrechez infranqueable del esófago), puede ser necesaria la implantación de una prótesis esofágica ó la realización de una gastrostomía de alimentación previa al inicio del tratamiento definitivo del tumor.
Tratamiento. Estadios Avanzados
Por estadios avanzados de cáncer de esófago entendemos el estadio IV.
El objetivo del tratamiento es la paliación (alivio de síntomas con mejoría en la calidad de vida), tratando igualmente de prolongar la supervivencia del paciente.
Hasta hace muy poco tiempo el tratamiento recomendado era, siempre que el paciente reuniera las condiciones oportunas (estado general conservado, ausencia de comorbilidades,…), el uso de un doblete de quimioterapia combinada.
Actualmente, se ha demostrado que la quimioterapia combinada con inmunoterapia (nivolumab o pembrolizumab) mejora la supervivencia frente a la quimioterapia sola, tanto en adenocarcinoma como en carcinoma epidermoide, en pacientes seleccionados con biomarcador PD-L1 positivo, que predice el beneficio de la inmunoterapia.
En carcinoma epidermoide también se acepta la combinación de inmunoterapia exclusiva (nivolumab + ipilimumab) en primera línea en algunos casos.
En segunda línea, en pacientes con carcinoma epidermoide que no recibieron inmunoterapia previamente, nivolumab ha demostrado mejorar la supervivencia frente a quimioterapia. Aquí no es necesario seleccionar a los pacientes por biomarcador.
Si ya recibieron inmunoterapia en primera línea, existen alternativas de quimioterapia como segunda línea.
Más recientemente, otros anti-PD-1 como tislelizumab, camrelizumab, sintilimab y toripalimab han mostrado beneficio en ensayos clínicos en carcinoma epidermoide, en primera línea (con quimio) o en segunda (en monoterapia).
En el adenocarcinoma, el tratamiento en líneas sucesivas del cáncer de esófago se orienta de forma similar al del adenocarcinoma gástrico.
Con el objeto de mejorar la sintomatología del paciente (dolor, imposibilidad para la ingesta de alimentos...) puede estar indicado el uso de radioterapia externa, radioterapia interna, terapia láser, prótesis esofágicas, y cirugía paliativa.
Ver apartado Tratamiento: aspectos generales
Seguimiento
En el caso de remisión de la enfermedad, se recomienda la realización de un seguimiento periódico que debe incluir:
- Entrevista médica.
- Exploración física.
- Análisis sanguíneos.
- Pruebas de imagen.
Ver apartado Estudios diagnósticos.
El objeto de este seguimiento periódico es detectar, en caso de que se produzca, precozmente la recaída, con el fin de instaurar un tratamiento rápido y con mayores opciones de éxito.
Además de vigilar la posible reaparición del cáncer, el seguimiento sirve también para:
- Detectar complicaciones derivadas del tratamiento.
- Controlar síntomas como la disfagia o el dolor.
- Valorar y apoyar el estado nutricional.
- Ofrecer apoyo psicológico y social.
La calidad de vida del paciente es un objetivo central durante todo el seguimiento, por lo que el manejo debe ser integral e individualizado.



