Cáncer de ovario
AUTOR: Dr. Josep Mª. del Campo
Cada mujer tiene dos ovarios que se encuentran a cada lado del útero. El ovario es un órgano intrapelvico (que se encuentra en la pelvis), con forma de almendra y una longitud máxima que oscila entre 2 y 4 centímetros.
Los ovarios desempeñan dos funciones importantes, que son:
- La producción del gameto femenino (ovocito). Cada mes durante la ovulación el ovario libera un ovocito que viaja por la trompa (pequeño conducto que comunica el ovario con el útero) hasta el útero.
- La secreción de hormonas femeninas. El ovario es la fuente principal de estrógeno y progesterona que son las hormonas femeninas implicadas en varios procesos como la regulación del ciclo menstrual, el embarazo, y el crecimiento de las mamas entre otros.
- En la menopausia los ovarios dejan de producir ovocitos y hormonas femeninas.
Datos epidemiológicos
Los tumores de ovario son muy raros en mujeres jóvenes. La frecuencia aumenta especialmente después de la menopausia y su pico máximo está entre 60 y 70 años.
Esto es debido, a que la mayoría de pacientes (70-80%) se diagnostican en una etapa avanzada de la enfermedad. Globalmente representa el 3% de los tumores en la mujer, siendo la cuarta causa de muerte por cáncer en mujeres y la primera causa por cáncer ginecológico.
Existen diferencias geográficas en la incidencia de esta enfermedad, siendo más frecuente en países industrializados.
Existen 3 grandes tipos de cáncer de ovario: carcinoma epitelial con diferentes subtipos, tumores de células germinales, tumores del estroma.
- Carcinoma epitelial: representa el 85-90% de los canceres de ovario y será del que hablemos en adelante.
- Tumores de células germinales. Muy infrecuentes
- Tumores del estroma. Aún más infrecuentes.
El cáncer epitelial es la principal causa de mortalidad por cáncer ginecológico.
La elevada mortalidad del cáncer de ovario se explica por dos razones:
- La ausencia de síntomas específicos al inicio, lo que motiva que la mayoría de pacientes se presenten con enfermedad diseminada al diagnóstico (que es más difícil de curar), y
- La ausencia de métodos de detección precoz (screening) que sean eficaces y estén validadas.
Causas y factores de riesgo
La causa del cáncer de ovario continúa sin conocerse. El cáncer de ovario, como otros tumores malignos, se produce como consecuencia de una acumulación de alteraciones genéticas que causa un crecimiento y proliferación incontrolada de las células epiteliales, pero continúan sin conocerse el mecanismo o mecanismos que inducen dichas alteraciones.
Varios estudios epidemiológicos han identificado algunos factores que podrían aumentar el riesgo de la enfermedad:
Los factores que tienen más impacto en la aparición de un cáncer de ovario están relacionados con la ovulación contínua (ausencia hijos: nuliparidad), cambios hormonales, exposición a estrógenos y alteraciones genéticas en BRCA1 y BRCA2 entre otras menos relevantes. Otros factores están relacionados con la dieta, masa corporal, obesidad y tabaco.
Alrededor del 20% de los cánceres de ovario son hereditarios, asociados en la mayoría de casos a mutaciones de los genes BRCA 1 y BRCA 2.
Estos genes forman parte del grupo de “genes supresores de tumores” y contienen la información para la producción de unas proteínas implicadas en la reparación del ADN y por tanto en el mantenimiento íntegro del genoma.
Parecen existir otros genes implicados, en mayor o menor grado, siendo considerado aun incierto el papel que tienen en el desarrollo del cáncer de ovario.
Es importante destacar que, aunque tienen más riesgo, no todas las mujeres con mutaciones de BRCA van a desarrollar cáncer de ovario o mama.
Asimismo, existe la evidencia de que las pacientes portadoras de estas mutaciones tienen una mejor supervivencia. Entre las razones que se citan está el hecho de que son mujeres con controles más exhaustivas y que pueden ser diagnosticadas en una fase más precoz de la enfermedad.
Los criterios para el diagnóstico clínico de un cáncer de mama-ovario hereditarios del Grupo de Trabajo de la Sociedad Española de Oncología Médica son:
- Un caso de cáncer de mama menor o igual a 40 años.
- Diagnóstico de cáncer de mama y ovario en la misma paciente.
- Dos o más casos de cáncer de mama, uno de los cuales es bilateral o en menor de 50 años.
- Un caso de cáncer de mama en mujer de menos de 50 años o bilateral, y un caso de cáncer de ovario en familiares de primer o segundo grado.
- Tres casos de cáncer de mama y ovario (al menos 1 caso de ovario) en familiares de primer o segundo grado.
- Dos casos de cáncer de ovario en familiares de primer o segundo grado.
- Un caso de cáncer de mama en varón y al menos 1 familiar de primer o segundo grado con cáncer de mama u ovario.
Le recomendamos que contacte con su oncólogo o Unidad de Consejo Genético en caso de cumplir con alguno de los criterios anteriores.
Signos y síntomas
Habitualmente las etapas iniciales del cáncer de ovario suelen cursar sin síntomas, o con síntomas muy leves que pasan desapercibidos y se confunden con procesos benignos.
En la cavidad abdominal el tumor puede crecer y diseminarse de manera silente, de manera que cuando causa síntomas ya suele estar diseminado. Incluso los primeros síntomas en las etapas avanzadas son habitualmente bastante vagos en forma de molestias inespecíficas abdominales, por lo que es frecuente que sean ignorados o confundidos con procesos benignos como dispepsia o "gases".
El cáncer de ovario es por tanto difícil de diagnosticar precozmente, y esta es la principal causa de su elevada mortalidad.
A medida que el tumor crece pueden comenzar a aparecer algunos síntomas como pérdida de apetito, sensación de plenitud abdominal tras la comida (aunque esta sea frugal), o pérdida de peso.
En general, se suele acumular líquido en el abdomen causando lo que denominamos ascitis, que puede ser muy importante, y causar distensión de la cavidad abdominal.
También se puede acumular líquido en la pleura en torno a los pulmones y producir dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
Por otra parte, el crecimiento de una masa ovárica en la pelvis puede afectar a las estructuras vecinas, principalmente la vejiga y el recto causando síntomas como disuria (dolor o molestia al orinar), diarrea o estreñimiento, y dolor abdominal o pélvico. En la Tabla 1 se enumeran algunos de los síntomas que deben motivar una consulta al médico, especialmente sin son persistentes y/o inusuales:
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Tabla 1. Síntomas que deben motivar acudir al médico para iniciar estudio |
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• Distensión abdominal progresiva. |
Diagnóstico
Ante la sospecha de cáncer de ovario, lo primero que se debe realizar a la paciente es una evaluación general consistente en:
- Una historia clínica completa y una exploración física minuciosa con exploración de la pelvis y exploración ginecológica realizada por un ginecólogo.
- Análisis de sangre que incluya marcadores tumorales.
- Exploraciones radiológicas, como TAC, PET-TAC o RMN.
Otras pruebas que se deben realizar son exploraciones radiológicas, es decir pruebas de imagen. Las exploraciones radiológicas que se suelen realizar son:
- Ecografía ginecológica: consiste en la introducción de una sonda de ecografía por vía vaginal. Permite identificar con bastante precisión los ovarios y detectar tumores ováricos así como la presencia de líquido libre en la cavidad pélvica. Esta prueba es necesaria.
- Tomografía Axial Computerizada de abdomen y pelvis: el TAC nos proporciona abundante información sobre el tamaño y localización del tumor en la pelvis, la presencia de afectación de ganglios linfáticos regionales, la existencia de ascitis (líquido libre en la cavidad abdominal) y la presencia de metástasis viscerales en bazo o hígado (que suelen ser poco frecuentes en esta enfermedad).
El TAC también puede detectar implantes peritoneales (implantes tumorales en la cavidad abdominal) que son muy frecuentes en el cáncer de ovario. No obstante, el TAC no suele detectar implantes de menos de 1-2 centímetros, por lo que con frecuencia en los estadios avanzados existe más enfermedad de la que detecta el TAC.

Imagen de TAC de un tumor de ovario derecho
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- Resonancia Nuclear Magnética (RNM): en general no es una prueba que se haga de rutina. Puede ser más útil que el TAC para detectar la infiltración de órganos pélvicos (como vejiga o recto) por el tumor. Rara vez es necesario realizar una RNM.
- PET-TAC: el PET-TAC se está imponiendo como exploración para determinar la extensión de la enfermedad, una vez llegados al diagnóstico de cáncer de ovario. Puede dar en ocasiones una información más exhaustiva antes de la decisión del tratamiento.
- Ocasionalmente se realiza una cistoscopia para conocer si está infiltrada la vejiga o una rectoscopia para conocer si está infiltrado el recto, antes de programar la cirugía.
- También se debe realizar la cuantificación del marcador tumoral CA 125. Esta prueba consiste en un análisis de sangre por el que se mide dicha proteína en el suero de la paciente, ya que en general está aumentada en las pacientes que padecen un cáncer de ovario.
- Sin embargo, hay pacientes que no presentan elevación del marcador CA 125, y además, puede estar aumentado también en enfermedades benignas que cursan con ascitis (líquido en la cavidad abdominal) o inflamación de la cavidad peritoneal.
- La utilidad principal de esta prueba radica en el seguimiento de la paciente durante o después del tratamiento, puesto que suele existir una correlación entre el nivel de CA 125 y la actividad de la enfermedad.
- En toda paciente con el diagnóstico clínico de tumor de ovario y tras las exploraciones radiológicas pertientes, se debe realizar una laparotomía para la toma debiopsia. Tras ello se toma la decisión de operar o no. La cirugía evidencia la extensión real del tumor y establece el diagnóstico final y la estadificación de la enfermedad. La cirugía puede ser abierta (laparotomía) o mediante laparoscopia (robótica o no), siendo esta última modalidad la más frecuente en la actualidad debido a una recuperación más rápida.
Anatomía patológica
El diagnóstico definitivo de cáncer de ovario lo establece el médico especialista en anatomía patológica tras analizar por el microscopio el tumor del ovario o un implante que le ha remitido el cirujano.
Más del 90% de los cánceres de ovario son de origen epitelial, y sobre ellos desarrollaremos más adelante el tratamiento. Existen varios subtipos de cáncer epitelial de ovario que se denominan:
- Seroso
- Endometriode
- Células claras
- Mucinoso
- Indiferenciado
A su vez según el grado de diferenciación se clasifican en:
- Bien diferenciados o grado 1
- Moderadamente diferenciados o grado 2
- Pobremente diferenciados o grado 3
El grado de diferenciación se determina por la apariencia de las células, aquellas con apariencia más madura con formación de estructuras glandulares son las bien diferenciados, mientras que las células de aspecto más agresivo y menos diferenciadas son las de alto grado o grado 3.

Imagen de carcinoma seroso papilar de ovario. Cortesía del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Ramón y Cajal
Aunque esta clasificación es la que viene siendo utilizada habitualmente, hoy en día sabemos que cada uno de los subgrupos viene tambien definido por distintos patrones de expresión génica.
Los tumores serosos son los más frecuentes (70%) y entre ellos los de alto grado (tambien clasificados como Tipo 1) tienen características moleculares distintas a los de bajo grado (Tipo 2), con implicaciones terapéuticas.
Asimismo, sabemos que en el tipo histológico seroso-papilar de alto grado encontramos diferentes subtipos: mesenquimal, diferenciado, inmunoreactivo y proliferativo, atendiendo a su distinta expresión génica.
Palmirotta R, et al. Crit Rev Oncol Hematol. 2017;117: 12-29.
Estadificación
Primera Cirugía Del Cáncer De Ovario: Laparotomía Diagnóstica y de Estadificación
Una vez confirmado el diagnóstico de cáncer de ovario y practicadas todas las exploraciones, la primera maniobra terapéutica suele ser la cirugía, que a la vez que sirve para conocer la extensión real de la enfermedad permite la extirpación del tumor y su análisis histopatológico definitivo (por el Servicio de Anatomía Patológica).
A diferencia de otros tumores, la estadificación (determinación de la extensión de la enfermedad) del cáncer de ovario es quirúrgica, pues es precisa la visualización directa de toda la cavidad abdominal.
La cirugía del cáncer de ovario debe ser realizada por un cirujano-ginecólogo experto. La intervención es compleja e implica una exploración minuciosa de la cavidad abdominal y pélvica, así como de los ganglios linfáticos con el fin de determinar con exactitud la extensión de la enfermedad.
Tras esta primera aproximación, lo habitual es que el cirujano-ginecólogo extirpe todo el tumor visible, lo que se denomina citorreducción completa y su resultado se define como cirugía óptima, pudiendo incluir la necesidad de extirpar parcial o totalmente otros órganos situados en la cavidad abdominal.
El tratamiento inicial del cáncer de ovario es quirúrgico y su objetivo es que no queden restos de tumor en la cavidad abdominal.
Estadios
Como en otros tumores, el cáncer de ovario se clasifica en varios estadios según la extensión de la enfermedad (Tabla 2 ).
El estadio de la enfermedad (su grado de extensión) es el factor pronóstico más importante. Así, las pacientes con tumores en estadios iniciales (estadios I y II) tienen una mayor supervivencia que las pacientes con tumores avanzados (estadios III y IV), y menor probabilidad de recurrencia tras el tratamiento (Tabla 3).
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Tabla 2: Estadificación quirúrgica del cáncer de ovario (Estadios de la FIGO) |
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I |
Tumor limitado a los ovarios |
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IA |
Tumor limitado a un ovario o trompa de Falopio, sin ascitis, sin implantes en la superficie del ovario y con la cápsula del ovario intacta. |
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IB |
Tumor limitado a ambos ovarios o trompas, sin ascitis, sin implantes en la superficie del ovario y con la cápsula del ovario intacta. |
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IC |
Tumor limitado a uno o ambos ovarios o trompas, con alguno de los siguientes: IC1: Diseminación quirúrgica. |
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II |
El tumor afecta a uno o ambos ovarios con extensión a óganos o estructuras de la pelviso cáncer primario peritoneal |
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IIA |
Extensión al útero o a las trompas de Falopio. |
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IIB |
Extensión a otros tejidos pélvicos. |
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III |
Tumor en uno o ambos ovarios o trompas, con implantes fuera de la pelvis y/o en los ganglios linfáticos retroperitoneales pélvicos o para-aórticos |
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IIIA1
IIIA2 |
Tumor con afectación solo de ganglios retroperitoneales (confirmados histológicamente). Tumor con implantes microscópicos por encima del límite superior de la pelvis (en la cavidad abdominal), con o sin afectación ganglionar retroperitoneal. |
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IIIB |
Tumor macroscópico con implantes de 2cm o menos fuera de la pelvis, con o sin ganglios retroperitoneales afectados. |
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IIIC |
Tumor macroscópico con implantes de 2cm o más, fuera de la pelvis (en la cavidad abdominal), con o sin ganglios retrperitoneales afectados. Incluye extensión a la cápsula hepática o bazo. |
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IV |
Presencia de metástasis a distancia. Incluye derrame pleural, parenquima hepático o de bazo, ganglios inguinales o extraabdominales, invasión transmural de intestino. |
Pronóstico
Los dos factores pronóstico más importantes son el estadio y el tumor residual tras la cirugía.
Asimismo, todas las pacientes con cáncer de ovario confirmado deben efectuarse un estudio molecular, dirigido a detectar la presencia de mutaciones, especialmente de los genes BRCA 1 y 2, dado que tienen importantes implicaciones en el tratamiento.
La supervivencia global del cáncer de ovario se aproxima al 50%, sin embargo, varía en función de los distintos factores pronóstico mencionados anteriormente.
En la Tabla 3 se recoge la supervivencia estimada a 5 años del cáncer epitelial de ovario en función del estadio. (Es importante tener en cuenta que Las estadísticas en cáncer deben ser valoradas con cautela puesto que las cifras que se expresan se basan en el análisis de miles de casos, pero la supervivencia de una paciente en particular no puede ser predecida.
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Tabla 3. Supervivencia estimada a 5 años según el estadio FIGO |
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Estadio I. Tumor limitado al ovario |
90% |
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Estadio II. Tumor extendido a órganos vecinos |
65-70% |
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Estadio III y IV. Tumor extendido a distancia |
20-30% |
Tratamiento
El tratamiento del cáncer de ovario consiste en la combinación de cirugía con la extirpación quirúrgica de todo el tumor existente visible, seguido de quimioterapia.
Conceptos generales
En el tratamiento del cáncer de ovario participa un equipo de especialistas formado principalmente por ginecólogos-cirujanos y oncólogos médicos. El tratamiento de una paciente determinada depende de varios factores de los cuales los más importantes son el grado de extensión de la enfermedad y la situación clínica de la paciente.
El tratamiento del cáncer de ovario consiste en la extirpación quirúrgica de todo el tumor existente, visible -lo que se conoce como cirugía óptima -, seguido en la mayoría de las ocasiones por un tratamiento de quimioterapia. Este orden puede ser alterado en situaciones particulares. A continuación se expone con más detalle el tratamiento desde el punto de vista teórico, dependiendo de si se trata de estadios iniciales o avanzados. Para un caso concreto se recomienda que hable con su doctor para que le explique las opciones de su caso.
TRATAMIENTO DE LOS ESTADIOS INICIALES
Habitualmente, cuando el cirujano-ginecólogo opera a una paciente con un tumor ovárico, ya conoce el diagnóstico histológico provisional (por biopsia previa), así como la extensión probable de la enfermedad (TAC o PET-TAC). Sin embargo puede asegurarse el diagnóstico con una revisión histológica durante la cirugía.
La cirugía es compleja y meticulosa, ya que debe incluir no sólo la extirpación de los órganos ginecológicos sino que también debe revisar el resto de la cavidad abdominal y los órganos que contiene para una correcta estadificación, intentando eliminar todo tumor visible siempre que sea técnicamente posible.
Dicho proceso de estadificación se realiza mediante un protocolo quirúrgico que incluye lo siguiente:
- La extirpación de uno o los dos ovarios, trompas y útero
- Extirpación de parte de la grasa que se encuentra por delante del intestino (omento).
- Toma de muestras (biopsias) en varias localizaciones de la cavidad abdominal y en cualquier zona sospechosa.
- Toma de biopsias de los ganglios linfáticos o su extirpación.
El análisis patológico de todas estas muestras determinará la estadificación definitiva de la enfermedad (ver tabla 2).
En la mayoría de pacientes con estadio I (tumor limitado a uno o los dos ovarios), la cirugía consigue la curación de la enfermedad. Sin embargo, existe un 20-30% de estas pacientes que presentaran recaída de la enfermedad y que teóricamente se pueden beneficiar de un tratamiento médico complementario a la cirugía.
Los factores que se han asociado a un mayor riesgo de recaída son:
- El grado histológico: Las pacientes con tumores grado 3 tienen una supervivencia menor que las pacientes con grado 1.
- El estadio: la supervivencia a 5 años tras la cirugía sin tratamiento complementario es superior al 90% en estadios IA-IB y se sitúa en torno al 70-80% en estadios IC.
- La ruptura de la cápsula ovárica, bien durante la cirugía o antes de la misma.
Sobre la base de estos factores pronósticos se han dividido a las pacientes en dos grandes grupos (tabla 4): 1) pacientes de bajo riesgo, que presentan una supervivencia a 5 años superior al 90 % y no requieren tratamiento complementario tras la cirugía, y 2) pacientes de alto riesgo, que son aquellas que presentan mayor probabilidad de recaída a 5 años (riesgo de recaída 20-40%) y se podrían beneficiar de un tratamiento complementario.
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Tabla 4. Grupos de riesgo en cáncer de ovario inicial |
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BAJO RIESGO |
ALTO RIESGO |
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IA-IB grado 1 |
Grado 2-3 |
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NO indicación de quimioterapia complementaria |
SI indicación de quimioterapia complementaria |
Existen datos de ensayos clínicos que demuestran que administrar un tratamiento de quimioterapia basado en cisplatino o carboplatino aumenta la supervivencia de mujeres operadas de cáncer de ovario en estadio precoz que presentan algún factor de mal pronóstico.
No está definido el mejor esquema de quimioterapia en esta situación ni el número de ciclos óptimo. Se debe emplear un esquema que contenga carboplatino o cisplatino y administrar al menos 3-4 ciclos. El tratamiento más empleado es paclitaxel y carboplatino.
En conclusión, con el fin de evitar la recurrencia y aumentar la supervivencia, la mayoría de las pacientes suelen recibir un tratamiento complementario con quimioterapia basada en paclitaxel y carboplatino. Tan sólo en las pacientes con tumores muy precoces en estadios IA-IB de bajo grado (grado 1) se recomienda exclusivamente hacer seguimiento, pues la cirugía sola es prácticamente curativa.
TRATAMIENTO DE LOS ESTADIOS AVANZADOS
Cirugía como tratamiento inicial en los estadios avanzados
Lo que suele encontrar el cirujano-ginecólogo al abrir la cavidad peritoneal en las pacientes con estadios avanzados, es que el tumor se ha extendido fuera de los ovarios y presenta múltiples implantes de diferentes tamaños en la cavidad abdominal y pélvico.
En estas pacientes, además del procedimiento quirúrgico que se realiza en los estadios iniciales (extirpación del útero y los ovarios) debe intentarse extirpar, todo el tumor visible existente en la cavidad abdominal incluyendo, si es necesario, segmento intestinal, áreas hepáticas o de bazo...
El objetivo es intentar quitar todo el tumor visible, puesto que se sabe que en aquellas pacientes en las que no se deja tumor macroscópicamente visible presentan mayor supervivencia que aquellas en las que se deja tumor residual.
Esta cirugía (citorreductora) no siempre es posible, considerándose óptima sólo cuando no queda enfermedad residual. En estos casos, se consigue un aumento de la supervivencia.
Tratamiento de quimioterapia como tratamiento inicial en estadios avanzados (neoadyuvante)
Los esquemas de tratamiento y los fármacos que se administran son los mismos que en caso de la quimioterapia adyuvante, que se comenta a continuación. Habitualmente se administran 3 o 4 tratamientos.
La cirugía efectuada tras quimioterapia neoadyuvante se denomina Cirugía de Intervalo.
Tratamiento de quimioterapia tras la cirugía (quimioterapia adyuvante)
El tratamiento estándar actual y mayoritariamente empleado es una combinación de paclitaxel y carboplatino administrados por vía intravenosa cada 21 días por 6 ciclos.
También se puede administrar el paclitaxel en una pauta semanal. Sin embargo, este esquema que denominamos “dosis densas”. No ha demostrado ser superior al tratamiento estándar.
Los efectos secundarios más frecuentes de la combinación de paclitaxel y carboplatino son:
- Nauseas y vómitos.
- Alopecia.
- Bajada de leucocitos (leucopenia), plaquetas (trombopenia) y glóbulos rojos (anemia), que rara vez causan episodios de fiebre por bajada de defensas o sangrado por descenso de plaquetas.
- Neuropatía sensitiva, que consiste en alteraciones sensitivas de pies y manos con una distribución en guante y calcetín caracterizadas por: hormigueo, acorchamiento, dolor, pérdida de sensibilidad…
- Mialgias y artralgias, que consisten en dolores musculares y articulares moderados (a veces severos) que aparecen entre los 2-5 días tras la administración de paclitaxel y suelen resolverse espontáneamente en 3-4 días.
Existe otra modalidad de tratamiento adyuvante, la quimioterapia intraperitoneal, que se administra directamente dentro de la cavidad abdominal a través de un catéter. Es una modalidad de tratamiento en desuso, aunque tendría unos beneficios en casos muy seleccionados.
Actualmente, la quimioterapia intraperitoneal aún considerándose una opción estándar en pacientes con citorreducción óptima debido al aumento de supervivencia demostrado, es una alternativa que sólo debe considerarse en centros especializados para pacientes con buen estado general y una adecuada cirugía.
Tratamientos complementarios asociados a la quimioterapia estándar
Desde hace ya unos años, van apareciendo nuevos tratamientos que se han asociado a la quimioterapia, con importantes beneficios en la supervivencia. Los antiangiogénicos, los inhibidores de PARP y la inmunoterapia ya forman parte del tratamiento habitual.
Tratamiento antiangiogénico
El tratamiento anti-angiogénico consiste en administrar fármacos que bloquean el desarrollo de vasos sanguíneos que el tumor necesita para su desarrollo y proliferación.
El único fármaco antiangiogénico aprobado en cáncer de ovario, es el bevacizumab para su empleo en asociación a quimioterapia en pacientes con cáncer de ovario epitelial avanzado. Su aprobación como parte del tratamiento inicial está recomendada para aquellas pacientes que presentan un peor pronóstico (Estadios III- IV), y/o en aquellos casos que presentan enfermedad residual tras la cirugía. Su aprobación se extiende tambien a los casos en que la enfermedad ha recidivado.
Bevacizumab es un anticuerpo monoclonal que bloquea el factor de crecimiento del endotelio vascular (VEGF) y que se administra por vía intravenosa cada 21 días. Su combinación con quimioterapia (paclitaxel y carboplatino) seguido de un periodo de tratamiento con el propio bevacizumab durante unos meses (aproximadamente un año) en pacientes con cáncer de ovario avanzado ha mostrado un incremento moderado del periodo de tiempo con enfermedad controlada y supervivencia.
Los principales efectos secundarios asociados a bevacizumab son la hipertensión y la proteinuria (perdida de proteínas por la orina). Otros efectos graves pero afortunadamente poco frecuentes son las trombosis, sangrados, perforaciones intestinales o fístulas.
Inhibidores PARP
Los inhibidores de PARP, son fármacos especialmente dirigidos a aquellas pacientes con cáncer de ovario que presentan alteraciones en las llamadas vias de reparación del DNA. Estas alteraciones aparecen especialmente en mujeres portadoras de mutaciones en los genes BRCA, así como en otros genes relacionados con estas vías. Aproximadamente el 50% de las pacientes con cáncer de ovario seroso papilar presentan alteraciones en estas vías de reparación del DNA (HRD, siglas del inglés Homologous Recombination Deficiency)
Aproximadamente un 30% de las pacientes con cáncer de ovario presentan estas mutaciones en BRCA 1 y 2, pero además un 20-30% adicional tienen alguna alteración en las vías de reparación del DNA. Los inhibidores PARP son especialmente activos tanto en las primeras como en las segundas.
En la actualidad hay diversos fármacos aprobados para su uso en cáncer de ovario dentro del tratamiento primario,: Olaparib, Niraparib y Rucaparib, dada su eficacia demostrada reduciendo el riesgo de recidiva y aumentando notablemente el tiempo en que la paciente está libre de enfermedad. Estos fármacos están aprobados también en las recaidas de la enfermedad. La posibilidad de asociar inhibidores de PARP con Bevacizumab aparece recientemente como una nueva opción de tratamiento en la enfermedad inicial.
Inmunoterapia
También en cáncer de ovario la inmunoterapia ha irrumpido recientemente como una nueva opción de tratamiento. Hoy en día aun se están desarrollando los ensayos clínicos destinados a demostrar su posible eficacia.
TRATAMIENTO DE LAS RECAÍDAS
El 70% de las pacientes con cáncer de ovario se diagnostican en fase avanzada (Estadíos III y IV). A pesar de un adecuado tratamiento. La mayoría de los cánceres de ovario (80%) obtienen una remisión completa tras el tratamiento adecuado (cirugía + quimioterapia +/- tratamientos biológicos), entre el 60% y 80% de ellos presentan una recidiva de su enfermedad.
En la recidiva, tiene mucha importancia el tiempo transcurrido desde que han finalizado el tratamiento primario. Cuanto mayor es este tiempo, más posibilidades de que responda a una segunda línea de tratamiento, o incluso que tenga opciones de cirugía.
Es frecuente que las pacientes presenten múltiples recaidas y que por tanto precisen distintos tratamientos para cada una de ellas.
En la mayoría de pacientes el tratamiento de la recaída se basa nuevamente en quimioterapia asociada, si es posible, a bevacizumab o a inhibidores de PARP. El objetivo del tratamiento es prolongar la supervivencia de las pacientes, mejorar los síntomas que puedan presentar y mantener la calidad de vida.
En algunas pacientes seleccionadas (aquellas con recaída en escasas localizaciones y/o tardía, y con buena situación clínica general) se puede plantear además una cirugía de rescate (con los mismos objetivos que en la cirugía primaria, es decir obtener una resección completa del tumor) seguida de tratamiento al igual que en la primera línea. En estos casos, los resultados son mejores que utilizar solo quimioterapia.
En las recaidas, existen varios fármacos y combinaciones de fármacos que han demostrado ser útiles. La selección de uno u otro tratamiento se basa en diferentes criterios clínicos entre los que cabe destacar:
- La presencia o no de mutaciones de BRCA.
- La respuesta al tratamiento previo de quimioterapia.
- El intervalo de tiempo transcurrido desde que finalizó dicho tratamiento, considerando cuantos y tipo de tratamientos recibidos (platino, no platino, biológico y tipo).
- La toxicidad residual del tratamiento previo.
- La situación de la paciente.
- El estado físico de la paciente.
La probabilidad de respuesta a una segunda o posteriores líneas de tratamiento en las recaídas depende de los factores antes mencionados. Aquellas pacientes que inicialmente respondieron a platino y gozan de intervalos libres de tratamiento superiores a 6-12 meses, presentan mayor probabilidad de responder a la reintroducción de una combinación con platino, en ausencia de toxicidad o intolerancia. Como alternativa, existen opciones sin platino.
Los esquemas que actualmente tienen mayor aval científico (derivado de estudios clínicos comparativos) son: paclitaxel-carboplatino, carboplatino-gemcitabina y carboplatino-doxorubicina liposomal pegilada.
En cambio, la reintroducción de platino en pacientes con recaídas tempranas produce escasas respuestas al mismo, siendo entonces necesario optar por otros fármacos o recomendar la participación en algún ensayo clínico.
Lógicamente en este grupo de pacientes el objetivo fundamental del tratamiento es el control de los síntomas relacionados con la enfermedad, procurando no empeorar su calidad por los efectos secundarios del tratamiento.
Tratamiento con Bevacizumab en la recidiva
Bevacizumab combinado con quimioterapia obtiene una mayor y más duradera respuesta, comparado con la quimioterapia sola. Su recomendación puede excluir a algunas pacientes que no cumplan los requisitos para su uso, según los criterios seguidos para su aprobación.
Tratamiento con inhibidores de la enzima PARP en la recidiva
En pacientes con recidiva de la enfermedad y que vuelven a responder al tratamiento con platino y que son portadoras de mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 (20%) o presentan alguna mutación en esta vía, se ha observado un gran beneficio cuando son tratadas con inhibidores de PARP.
En este momento, para pacientes en recidiva que mantienen la sensibilidad a platino hay tres fármacos aprobados en nuestro pais: Olaparib, Niraparib y Rucaparib. Todos ellos se administran como tratamiento de mantenimiento tras responder a una quimioterapia basada en platinos.
Su nivel de eficacia es muy similar y difieren en algunos efectos secundarios. Asimismo, pueden haber pequeñas diferencias entre las diferentes situaciones en que pueden ser precritos, según las características mutacionales de las pacientes.
Fármacos recientemente aprobados para el Cáncer de Ovario en la recidiva
Fruto de la investigación, recientemente se ha aprobado un nuevo fármaco en cáncer de ovario recidivado, resistente a platino: mirvetuximab soravtansine.
Este fármaco es un anticuerpo conjugado (ADC), que ha demostrado una importante eficacia en aquellas pacientes con cáncer de ovario recidivado, resistente a platino, que presentan una sobreexpresión de un receptor (Folate Receptor alpha).
Ensayos clínicos en cáncer de ovario
Los resultados globales del tratamiento actual del cáncer de ovario avanzado no son plenamente satisfactorios, ya sea porque se diagnostica en una fase avanzada o porque el tratamiento tiene una eficacia, en ocasiones limitada.
Los ensayos clínicos, con nuevos fármacos exploran nuevos tratamientos o estrategias terapéuticas dirigidos a aumentar las tasas de curación o prolongar la superviviencia.
Los ensayos clínicos están diseñados por personas expertas en el tratamiento de cáncer de ovario, se realizan mediante el cumplimiento de un protocolo estricto bajo la supervisión de un equipo cualificado y requieren la autorización de las Autoridades Sanitarias y Comités de Ética.
La inmunoterapia se está incorporando en diversos estudios, en combinación con los tratamientos ya existentes. Es probable que en los próximos años se tengan los resultados que demuestren su eficacia.
Otros anticuerpos conjugados (que actúan en diversas alteraciones moleculares de las células del cáncer de ovario, forman parte también de investigaciones actuales
Además de todo lo anterior, son numerosos los nuevos fármacos que se están estudiando en cáncer de ovario. Fármacos que actúan en forma distinta a los que ya conocemos y que pueden aportar beneficios adicionales.
Gracias a los ensayos clínicos conocemos cuales de los nuevos fármacos que aparecen sirven realmente para aumentar la supervivencia de las pacientes con cáncer de ovario.



